Manifiesta su ardiente sensación, como si de un volcán se tratase. Estalla sin contención cuando llega al éxtasis de su estabilidad. Es la llave secreta del erotismo y el desliz de unos besos acorazados de calor. Un recorrido preciso por tu cuerpo, miradas encontradas saboreando el instante, tu lengua de fuego se retuerce hechizada y el gemido del placer se adueña de los sonidos del ambiente. No hay vergüenza, hay confianza, el muro de hierro se derrumba a cada centímetro que mis manos arrasan tu piel, estremeciendo brutalmente tu cuerpo cuando te rozan junto a mi virilidad. Un suspiro candente de necesidades, una encomienda llena de un deseo abismal de quemar al límite las llamas que nos rodean. El momento es único, incomparable, y siempre por más extraño que sea, siempre es distinto. Hay algo, un clímax que distingue un momento de otro, un beso de otro, pero la sed de pasión es insaciable cuando nuestros cuerpos se juntan y siento tu piel uniéndose a la mía. Al oído nos decimos mucho sin hablar, no es necesario generar palabras para describir sensaciones tan poderosas y atrapantes. Un último saboreo de placer se escurre cuando tus manos se encarnan en mi piel con sabia fuerza y mis labios rozan tu cuello tentativamente, viéndote disfrutar del licor afrodisíaco de la pasión innata.
viernes, 7 de agosto de 2009
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